domingo, 20 de julio de 2008

Costa Meloneras

Fue el fin de semana más feliz de mi vida. ¿Qué más quería? Sol, playa, mar y el amor de toda mi vida a mi lado. Lo tenía todo.
Me sentía la mujer más afortunada del mundo: me dormía con su voz diciéndome que me quería; sus besos me despertaban por la mañana y por la noche sentía su brazo alrededor de mi cintura. Pero lo que más me entristecía es que sabía perfectamente que tarde o temprado volvería a ser todo igual que antes: sola, echándole de menos, esperando una llamada... Sé que me quiere, que me adora con todo el alma, pero esta situación me está desesperando. Y lo más triste es que temo lo peor, no por su parte, sino por la mía. Me da miedo que, influenciada por mis amigas o quizas por la envidia que siento al saber que ellas tienen lo que yo no tengo, pueda cometer una estupidez. Pero eso es otra historia. Mientras tanto intentaré sobrevivir a base de recuerdos de esos maravillosos días junto al hombre más bueno del mundo.

"Porque el amor cuando no muere mata, porque los amores que matan, nunca mueren".

2 comentarios:

Nonsense dijo...

Katya, las mejores cosas en la vida se consiguen a base de esfuerzo y paciencia. No es tanto la presencia física de la otra persona como la certeza de que tienes un compañero sentimental.

lluviaychocolate dijo...

Te voy a denunciar Elena por ese comentario... jijiji te quiero.